Kany entró con los ojos nublados, el dolor creciendo, la conciencia deslizándose fuera de foco. Apenas alcanzó a tomar la mano de Gianluca y susurrar.
—No me dejes sola…
—Nunca.
Zayd llegó al hospital por pura coincidencia.
Estaba ahí por otro asunto médico relacionado con la fundación de su padre, pero cuando escuchó el nombre de Kany entre el personal de emergencia, se paralizó.
Preguntó. Insistió. Suplicó.
Y terminó en la misma sala de espera, frente a Gianluca, que tenía la camisa manchada