Ella no respondió. No tenía que hacerlo. En su silencio había una confirmación limpia. Dolorosa, sí, pero sin culpa.
Gianluca asintió, como quien ya había hecho las paces consigo mismo.
—Te libero —dijo, suave—. Y me libero también. Porque mereces amar sin deuda. Y yo también merezco ser amado sin espera.
Kany se levantó. Caminó hacia él y lo abrazó con el bebé en brazos.
—Gracias por todo, Gianluca. Nunca voy a olvidarte.
Él la besó en la frente. Luego miró al bebé, le acarició una mejilla con