—¡No! ¡No sigas! —Escuchó las palabras en español del Pakhan dichas de forma tan mal y no podía evitar reírse. Él insistía en que le dijera palabras para él repetirlas, llevaban así toda la noche luego de la cena, donde ella no paraba de reír mientras él daba su mayor esfuerzo.
Y le encantaba la sonrisa de ella, la manera tan suelta en la que estaba durante esas horas y, desde luego, su belleza.
Aquella ropa le quedaba muy bien, le gustó que tuviera un buen apetito y que el lugar fuera de su ag