Al llegar a la mansión, Margaret se dirigió a su recámara. Abrió la puerta, Luciano ya no estaba. Se había ido a trabajar. Aquello, lejos de tranquilizarla, le dio espacio para pensar y para actuar.
Tomó el teléfono y volvió a llamar al detective.
Esta vez, su tono fue inapelable.
—Necesito toda la información sobre Isabella y Antonella Ferri —ordenó—. Todo. Pasado, presente, vínculos, movimientos. Quiero un informe completo y lo quiero para esta misma tarde.
Aquello no lo hacía por simple