Luego de la celebración junto a los miembros del partido, Margaret y Luciano llegaron a la mansión entrada ya la noche. El triunfo había sido contundente, las felicitaciones interminables, los brindis excesivos. Luciano estaba exhausto y visiblemente ebrio; apenas cruzó el umbral, subió las escaleras sin decir palabra. Margaret lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, sabiendo que aquella noche no habría conversación alguna.
Luciano entró en la recámara, se dejó caer sobre la cama sin