Al día siguiente, en la escuela, algunos compañeritos de clase de Fabián repitieron lo que habían oído en casa, con la crueldad inconsciente de quienes desconocen lo hiriente que pueden ser las palabras.
“Dicen que tu tía es mala.” “Dicen que está presa. Que quiso matar a una señora.” “Eres sobrino de una asesina”.
Fabián se quedó inmóvil sin entender porque todos sus compañeros de salón se reían, burlaban, y lo señalaban de aquel modo. ¿Estaban jugando? Pensó.
Sin embargo no se trataba d