La lectura del testamento se realizó en un salón demasiado amplio para el silencio que lo habitaba. El notario carraspeó antes de comenzar, consciente de que no estaba repartiendo simples bienes, sino los restos de una vida cuidadosamente edificada. Margaret no había amasado una fortuna cualquiera; había levantado un imperio. Mansiones en distintas ciudades, edificios enteros destinados a alquileres comerciales, estructuras hoteleras, locales estratégicamente ubicados, cuentas bancarias que par