Esa noche, cuando por fin salieron del juzgado y luego del cansancio que les dejaron los días previos al juicio, Arístides insistió en que no podían simplemente regresar a casa como si nada hubiera ocurrido. Había que celebrar. Celebrar la libertad de su prometida.
—Conozco un lugar donde podemos conversar y brindar —dijo Joaquín—. Sin que hallan paparazzi.
—Pues vamos —contestó Arístides—. Lo menos que deseo en este momento es ver una cámara o a puto reportero.
Subieron al coche y minut