En medio de la desesperación, Antonella pensó en que debía llamar a Luciano. Iba marcar el número cuando la puerta del apartamento se abrió.
El sonido la hizo girarse de golpe. Durante una fracción de segundo, el miedo la paralizó. Y entonces los vio.
Isabella entró primero, con Fabián de la mano. El niño hablaba animado, ajeno a todo. Antonella no lo pensó dos veces, corrió hacia ellos y los abrazó con fuerza, casi sin poder contener el llanto. Apretó a su hermana, besó la cabeza del niño, l