Bajando la mirada, Dante vio la cremosa piel de las piernas de Adara, apenas cubiertas por ese pequeño vestido blanco que parecían haberle entregado para tal ocasión.
—Vamos, Adara, viajaremos ahora mismo a una de mis islas privadas en el Caribe, allí tendremos nuestra luna de miel. — dijo Dante notando la botella vacía en el suelo junto a su hermosa esposa.
—¿No vas a hacérmelo aquí? — cuestionó Adara casi sorprendida.
Sin responderle, Dante tomó en brazos a su esposa, y caminó con ella escaleras abajo para ir hasta su lujoso vehículo. Las curvas de su bella Adara eran tentadoras…y aquello era algo por lo que había esperado tanto tiempo, que se sentía como un vagabundo sediento en medio del desierto, recién descubriendo un oasis. Negando en silencio, el Alfa castaño arrancó el vehículo antes de obedecer a sus instintos, él no era un maldito aprovechado que abusaba de mujeres alcoholizadas…menos aun, de su preciada Adara.
En el auto, y producto del alcohol que había bebido, Adara reco