Bajando la mirada, Dante vio la cremosa piel de las piernas de Adara, apenas cubiertas por ese pequeño vestido blanco que parecían haberle entregado para tal ocasión.
—Vamos, Adara, viajaremos ahora mismo a una de mis islas privadas en el Caribe, allí tendremos nuestra luna de miel. — dijo Dante notando la botella vacía en el suelo junto a su hermosa esposa.
—¿No vas a hacérmelo aquí? — cuestionó Adara casi sorprendida.
Sin responderle, Dante tomó en brazos a su esposa, y caminó con ella escale