—¿Acaso no escuchaste nada de lo que te dije hace un rato?, ¿Por qué insistes en tocarme si al final no vas a acostarte conmigo?, ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz? — cuestionó ella con enojo.
Dante volvió a pegarse a ella, aun cuando sabía que todo lo dicho por su esposa, era verdad.
—Lo que te dije en aquella fiesta cuando éramos niños, sigue siendo verdad. Tú y yo no somos iguales. — respondió Dante.
Con lágrimas en los ojos, Adara alzó su mano para volver a abofetearlo, pero