—Si no vas a ayudarnos a sacar a Dante de en medio, entonces lárgate. — amenazó Enzo.
Tomando la mano que Enzo usó para tomar su fina y costosa camisa, Vicenzo se la apretó con fuerza, y luego sin demasiado esfuerzo, lo arrojo sobre una mesita de centro hecha de madera la cual se rompió ante el peso.
—¡Enzo! — gritó Anastasia que rápidamente corrió para ayudar a su lastimado hijo a levantarse.
—Por supuesto que me iré, no sin antes asegurarle que no van a lograr sacar de en medio a Dante…porque yo voy a defenderlo. — respondió Vicenzo saliendo de aquel salón en la pequeña mansión de Anastasia y Enzo.
Enzo se resintió de las costillas, y luego lanzó una mirada feroz y furtiva a Vicenzo. Ese par de miserables le iban a pagar caro aquella humillación, y aun así tuviese que ofrecer su alma, iba a sacar a Dante de en medio a como diera lugar.
Subiendo a su elegante auto clásico, Vicenzo pensó en Adara Ángelus. ¿Quién diría que esa chiquilla tan brava y hermosa se iba a convertir en la espo