Julio observaba a su prima hermana desde la zona VIP en ese antro. Halia era una mujer apasionada que no dudaba en arrastrar a su cama a todo aquel que le llegaba a gustarle, y el susodicho se convertía en su juguete hasta que ella se cansara de usarlo. Mirandola con ese desconocido de cabellos negros, supo que, efectivamente, ella había encontrado a su juguete de Palermo.
—Hola guapo, ¿Te gustaría bailar? — cuestionó una voluptuosa mujer con un diminuto vestido, acercándose a Julio Lenar.
Julio sonrió. — ¿Por qué no? — respondió y saltó a la pista de baile con aquella mujer.
Los pensamientos del joven Lenar, sin embargo, iban y venían entre Adara Ángelus y la “misión” que su quería prima Halia le había ordenado cumplir sin errores; debía de seducir a la esposa de Dante Lombardo, y aun cuando esa ardiente y hermosa pelirroja bien podría valer el riesgo, no dejaba de tener sus dudas al respecto de lo que tenía que hacer con ella; Dante Lombardo era un hombre poderoso, y, por ende, p