—No voy a soltarte, eres mi esposa, no voy a dejarte recorrer la playa sola cuando es de noche, puede ser peligro…
Dante no terminó de decir aquello, cuando una sonora bofetada que rompió la tranquilidad de la noche, le golpeo el rostro. Sorprendido y acongojado por aquel golpe, sin soltar la mano de su esposa, pudo ver como lagrimas pesadas y a borbotones, brotaban desde los encantadores ojos verdes de Adara.
—¿Soy para ti un maldito juego? — cuestionó Adara entre lágrimas que ya no pudo rep