—Con esta mano yo sostendré sus anhelos, tu copa nunca estará vacía, porque yo seré tu vino. Seré tu vela, tu luz, y alumbrare tu camino en la oscuridad y con este anillo te pido que seas mío para siempre, Dante Lombardo, para amarte, honrarte y respetarte a cada instante de mi vida, que desde hoy es toda tuya, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe… — dijo Adara dejando aquel anillo en el dedo de su esposo.
Dante sonrió al escuchar aquello