Adara sonrió; aquella era la mujer que había marchado intencionadamente por el pasillo hacia el altar con un vestido blanco, y ahora llevaba puesto uno de color negro; le quedaban más que claras las intenciones de aquella millonaria que la miraba como si fuese superior.
—Lo siento, pero no lo permito, planeo pasar toda la noche con mi esposo señorita Lenar, ahora, si nos disculpa, nuestro primer vals aun no termina y, por cierto, amo su vestido negro, la hace lucir estupenda. — respondió Adara