Eliseo sintió que algo se rompía dentro de él.
No fue una sensación ligera.
Fue brutal. Dolorosa.
Porque por primera vez entendió claramente algo horrible: Alessia realmente creía que nadie podía amarla sinceramente.
Ni su familia. Ni él.
Y la culpa de eso también era suya.
El silencio llenó la habitación del hospital. Pesado. Asfixiante.
El sonido lejano de las máquinas médicas parecía demasiado fuerte en medio de aquella tensión. Alessia mantenía la mirada baja, abrazándose ligeramente a sí mi