Esa madrugada, el hospital parecía más frío de lo habitual.
Las luces blancas caían con dureza sobre los pasillos vacíos, y el eco de los pasos de Valentino y Marisol rompía el silencio con una cadencia tensa, casi insoportable. No era solo la hora… era lo que los había llevado hasta ahí.
Al llegar, no tardaron en verlos.
Su madrastra. Su hermanastra. Y Gael.
Estaban sentados en la sala de espera, cada uno atrapado en su propio silencio, en su propia versión de la historia. Nadie se levantó. Na