Mundo ficciónIniciar sesiónJosselyn, hija de una familia de traidores, es convocada al palacio como la única que conoce el remedio herbal secreto capaz de curar la enfermedad de la Reina. Es nombrada asistente del sanador real, y desde ese momento, su vida cambia para siempre. El príncipe heredero Killian, un hombre frío y despiadado, comienza de pronto a interesarse en ella. Cada mirada que le dirige despierta curiosidad y envidia entre los cuatro hombres que la rodean: un leal caballero real, un sanador paciente y atento, y dos hermanos nobles que poseen, cada uno, un encanto peligroso. Todos conocen el deseo de Josselyn de vengarse del reino que ella cree responsable de la muerte de sus padres. Y cada uno de ellos tiene sus propios planes para utilizarla. Cinco hombres. Cinco formas distintas de reclamar su corazón, despertando en ella una agitación que jamás había conocido. Pero Josselyn no puede simplemente rendirse a su atracción. Las heridas de su pasado y el ardiente resentimiento la mantienen cautelosa ante Killian, convencida de que el príncipe tuvo un papel en la tragedia de su familia. Atrapada entre una pasión consumidora, sutiles manipulaciones y una sed de venganza que se niega a desaparecer, Josselyn debe tomar una decisión: rendirse a un amor inesperado… o cumplir la venganza que sus padres dejaron atrás, incluso si eso significa darle la espalda a todos los hombres que la desean.
Leer másEl salón aún no recuperaba la calma por completo. Los susurros seguían rozando el aire, más afilados que nunca: ya no era solo inquietud, sino desconfianza manifiesta. Las miradas de los nobles iban de un rostro a otro, hasta detenerse al fin en un mismo punto: el Rey, y junto a él, Clarissa.La Reina permanecía aún entre los brazos de Killian; su respiración era débil, pero constante. Cada exhalación parecía una prueba de vida que acallaba todas las acusaciones que se habían vertido hasta entonces.Josselyn permanecía erguida, sintiendo aún el frío del frasco vacío en su mano.—Esto no es un intento de asesinato común —dijo al fin, con voz serena pero lo suficientemente fuerte para llegar a todos los rincones del salón.Todos los ojos se posaron en ella.—Este veneno no actúa como los demás. No mata de forma rápida —hizo una pausa—. Espera.El silencio se adueñó del lugar.—Espera a la felicidad.Varios nobles intercambiaron miradas de asombro. Yorick dio un paso al frente, con el se
Josselyn tomó aire profundamente, con la mirada fija en el cielo de aquel día. Su azul limpio y brillante no parecía el presagio de un final.El palacio de Valenroth se alzaba majestuoso, adornado con telas blancas y doradas que caían en cascada de las columnas. Flores frescas llenaban cada rincón del gran salón, con un aroma dulce —demasiado dulce, casi empalagoso.Era el día de la boda del Príncipe Heredero. El día que debía ser una celebración. Pero para Josselyn, todo parecía un patíbulo disfrazado de lujo.Estaba de pie entre los sirvientes, vestida con un sencillo traje de tono pálido. Llevaba el cabello recogido con esmero y el rostro sereno: un contraste absoluto con el latido desbocado de su corazón.Sus ojos se posaron al frente. Allí estaba Clarissa. El vestido nupcial le quedaba perfecto: blanco inmaculado, brillante, con bordados dorados que reafirmaban su condición de futura reina. Una leve sonrisa curvaba sus labios, pero en sus ojos solo había triunfo. Como si todo aqu
Esa pequeña caja de madera se sentía más pesada de lo que debía en las manos de Josselyn: como si lo que hubiera dentro pudiera salvarlo todo… o destruirlo por completo.La puerta se abrió de golpe. Pasos pesados entraron sin pedir permiso. Era Darius.Sin rodeos, sin explicaciones, le arrebató la caja de las manos.—¡Darius!—Yo la abriré —dijo con tono firme, sin dejar espacio a réplicas.Josselyn frunció el ceño. —Ni siquiera sabe qué hay dentro…—He oído que el Rey ha enviado soldados para capturar a quien haya entrado en su biblioteca privada. No tenemos tiempo para dudar.La miró un instante: profunda, decidida.—Me aseguraré de que salgan con vida —susurró—. Incluso si tengo que pagar con mi propia sangre.Silencio. Yorick soltó un bufido suave. Josselyn sabía que él también entendía que no había otra opción.—Es una imprudencia —dijo él, ocultando su propia preocupación. Pero nada detuvo a Darius.Abrió la caja despacio; las bisagras de madera crujieron levemente. Un sonido mí
La estancia de hierbas estaba en silencio. Solo se escuchaba el roce de las hojas secas y el aroma amargo de las mezclas que llenaba el aire. La luz que entraba por la pequeña ventana caía inclinada sobre la mesa de piedra, iluminando las botellas de vidrio ordenadas en fila —como si guardaran secretos que nadie debía revelar.Josselyn permanecía allí, con ambas manos apoyadas en la mesa. Tenía la mirada fría.—Señor Yorick.Lo llamó sin rodeos. El hombre, que estaba revolviendo algo dentro de un cuenco pequeño, se detuvo. Sus movimientos se volvieron lentos, hasta quedar inmóvil.Josselyn se giró hacia él.—Necesito confirmar algo —dijo con tono sereno.Yorick alzó la vista despacio; sus ojos estaban alerta, preparado para lo que ella pudiera decir.—¿Recuerda lo que me prometió? —continuó ella.Hubo un silencio breve.—Yo lo ayudé —repitió—. Me sumé a su plan para derrocar a Killian —se le cortó la respiración un instante—. Y a cambio… usted me daría el antídoto.Lo miró con mayor i
Último capítulo