Alessia lo miró en silencio.
Las lágrimas seguían descendiendo lentamente por sus mejillas.
Durante años había escuchado mentiras. Promesas vacías.
Palabras que parecían hermosas al principio y terminaban convirtiéndose en heridas.
Por eso le costaba creer.
Por eso le costaba confiar.
Y, sobre todo, le costaba comprender cómo alguien como Eliseo podía mirarla de aquella manera.
—Yo...
Su voz se quebró.
—Mírame bien.
Eliseo levantó una mano y apartó suavemente un mechón de cabello de su rostro.
—