Alessia cargó al pequeño niño entre sus brazos y sintió que el corazón se le derretía de inmediato.
El pequeño tenía apenas cinco años, pero poseía una belleza extraordinaria. Sus enormes ojos azules parecían dos fragmentos de cielo, mientras que su cabello oscuro como el carbón contrastaba con la claridad de su mirada. Sus mejillas redondas y su sonrisa inocente le daban un aspecto angelical.
—Hola —dijo el niño con timidez.
Alessia sonrió.
—Hola, príncipe.
Darío soltó una risita divertida y ro