Renè llegó al hospital con el corazón latiéndole con fuerza, casi desbocado. Sus pasos eran rápidos, firmes, pero su mente estaba en caos.
Él tenìa la verdad en sus manos y decidiò ir para revelar todo.
Las puertas automáticas se abrieron frente a él y el olor a desinfectante lo envolvió de inmediato. Miró a su alrededor con urgencia… y entonces las vio.
Lara y Anabela.
Estaban ahí, de pie, hablando en voz baja, como si compartieran un secreto.
Renè se detuvo a unos metros de distancia, observán