Marisol llegó a la estación de tren con el corazón latiéndole con una violencia que no lograba controlar.
Bajó del taxi con movimientos torpes, como si cada paso le costara más de lo normal. Ajustó mejor a Lilith entre sus brazos, sosteniéndola con cuidado, como si el mundo entero pudiera derrumbarse si la soltaba.
No miró atrás. No podía.
Si lo hacía, tal vez regresaría… y ya no había regreso posible.
Se acercó a la ventanilla con la respiración entrecortada.
—Un boleto —dijo, intentando que su