Semanas después...
Esa mañana, el sol apenas comenzaba a iluminar el cielo cuando Alexander se despertó. Su cuerpo estaba pesado, cansado por las largas horas de trabajo, pero había una urgencia en su interior que lo empujaba a levantarse. Dejó su desayuno casi sin tocar y, en lugar de dirigirse a la oficina, se encaminó al hospital.
Al llegar, se aproximó a la estación de enfermería, tratando de ocultar su ansiedad.
—Buenos días —saludó a la enfermera de turno—. ¿Puedo ver a Valeria?
La enferm