—¿Qué estás diciendo, Valeria?—Su voz era grave, atónito —. Acabas de recuperar tu apellido, has pasado por el infierno ¿Después de todo lo que ese hombre te hizo... después de la traición y el deshonor... me vienes a decir que no te vas a divorciar? Dime que estás bromeando.
—No estoy bromeando, Papá—respondió Valeria, sin inmutarse, sintiendo el apoyo silencioso de su madre—. Alexander y yo nos hemos reconciliado. Hemos decidido empezar de nuevo.
—¿Haces esto por lástima? ¿Por culpa debido