Cuando Valeria despertó, se encontró en la habitación de un hospital, y a su lado se encontraba Alexander. Él se inclinó sobre ella, con el rostro iluminado por el alivio.
—Menos mal que has despertado, Valeria. ¿Cómo te sientes, cariño?—preguntó amoroso, mientras besaba su frente y su mejilla con una ternura gigantesca.
Ella sonrió, todavía un poco débil.
—Creo que estaré bien, eso creo. Supongo que ya prepararon la cesárea, ¿no es así?
El hombre asintió con la cabeza.
—Están preparándote. Te