Esa mañana se habían terminado de afinar los últimos detalles de la habitación de los cuatrillizos. Valeria y Alexander estaban contentos con el resultado. Ambos se abrazaron, mirando el espacio cuidadosamente decorado.
—Me encanta el lugar—comentó Valeria, acariciando su vientre abultado—. Y pensar que solo faltan algunos días para el nacimiento de los bebés. Estoy tan nerviosa y al mismo tiempo emocionada—admitió, con una enorme sonrisa en la cara.
Alexander la abrazó por los hombros, atrayén