Valeria volvió a casa. Su madre, Diana, se dio cuenta de que su hija parecía un poco diferente, como si estuviera más contenta.
—¿Estás bien, Valeria? Te noto diferente —admitió, acercándose—. Parece que algo bueno ha pasado.
Diana percibió el reflejo de la felicidad en sus ojos, ese brillo que volvía a resplandecer de alguna manera. Significaba que algo bueno había ocurrido.
Valeria sonrió ampliamente y abrazó a su madre.
—En realidad, no te equivocas, Mamá —susurró, con alegría—. Ha