Adán García.
Su rostro se encuentra más pálido de lo que recuerdo la última vez que la vi, sus ojeras tienen el doble de su tamaño y su comportamiento errático me indica lo nerviosa que le pone mi presencia.
—¿Me lo dirás? —pregunté nuevamente.
—Solo es agotamiento físico, creyeron que podría ser otra cosa y me mandaron a hacer análisis que salieron todos en orden, él solo me informaba. —dijo, pero no le creí una sola palabra.
La observé minuciosamente, creo que está más delgada, ¿Habrá comido algo?
Quizás yo debería ir a buscarle algo de comida, ¿No? Digo, es mi exesposa y nunca me preocupé realmente por ella, se lo debo. ¿Verdad?
—¿Quieres qué…? —comencé, pero me interrumpió.
—En realidad, Adán, ya te cercioraste de mi estado, ¿Podrías irte? —preguntó seriamente—. Tu presencia no es bienvenida, lo siento.
Sus palabras se sintieron filosas y llenas de resentimiento, pero también sentí que algo me está escondi
Eva DaviesHoras antes. Adán salió de la habitación y rápidamente comencé a tener fuertes dolores en mi abdomen bajo, Nikolaus llamó a una de las enfermeras que está afuera, pero esos dolores rápidamente se sintieron como si algo estuviese cayendo entre mis piernas.Traté de levantarme para darme cuenta de que era sangre.—Nik. —lo llamé asustada, él se volteó y rápidamente me tomó en sus brazos, subiéndome a la cama y tocando la alarma que se encuentra atrás de la camilla.El cuarto se llenó de doctores tratando de ayudarme. Me subieron a una camilla móvil y me llevaron a dónde fuese necesario.—Todo estará bien. —dice Nikolaus sin soltar mi mano en ningún momento.—No dejes que nada le pase a mi hijo, Nik. —le supliqué y él simplemente besa mi mano tratando de contenerme.—Todo va a estar bien. —no dejó de decir en un solo momento.No sé cuánto tiempo pasó, pero lograron detener lo que pasaba.—Se sometió a demasiado estrés, Eva. Recuerdo haberle dicho que se tranquilizara y se ocu
La noche transcurrió tranquila, Adán no pidió más explicaciones y, a pesar de que no es lo correcto mentirle en su cara, sé que él jamás hubiese sido feliz sabiendo que espero un bebé suyo, mi hijo tampoco sería feliz creciendo con la idea de que siempre sería el último en la lista de prioridades de su padre.—¿Cómo te sientes? —preguntó Nikolaus cuando abrí los ojos apenas desperté, no se ha ido del hospital desde que llegó y me siento mal por eso.—Estoy bien. —respondí simulando una sonrisa—. Un poco cansada. Marie está rezando mucho, pero terminó por aceptar que ya no estoy embarazada, me siento mal mintiéndole y también por retenerte aquí, no has podido descansar por mi culpa.Él sonrió con serenidad y me observó detalladamente.—Sabíamos que iba a ser difícil, Eva, sin embargo, es lo mejor para el bebé y no te preocupes por mí, estoy bien cuidando de ti. —dijo Nikolaus sentándose a mi lado—. Traje el desayuno hace cinco minutos, intuí que despertarías con hambre.Sonreí y asentí
Mamá se acercó mientras mi hermano toma por el cuello a Adán.—¡Qué le hiciste a mi hermana! —gritó molesto, o fingiendo estarlo. No lo golpeó, pero dejé de observarlo cuando mi madre me tomó de las manos.—Eva, cariño, ¿Por qué no nos dijiste que estabas embarazada? —las lágrimas en sus ojos parecen reales, pero a mí no me importa ya, todos ellos lograron que mi corazón se convirtiese en una piedra.Me solté de su agarre, demostrándole que es tarde para lo que sea que intente.—Es mejor que le den su espacio. —interfirió el alemán, pero ninguno pareció escucharlo.—¿Estás bien, Eva? ¿Adán te lastimó? —preguntó Brandon, provocando que me riera—. Eva…—¿Es enserio? ¿Qué esperan
—¡Suéltame, suéltame, suéltame! —grité y me senté sobre la cama de hospital.Abrí los ojos y el alemán me observa preocupado mientras se acerca velozmente a mí.—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —preguntó mirándome—. Llamaré al doctor.—¿Adán estuvo aquí? —pregunté—. Mientras te fuiste.—No, Eva, no estuvo. —siguió preocupado y con el semblante serio—. ¿Qué pasa? —preguntó sentándose a mi lado y tomando mi mano con las suyas.—Tuve una pesadilla. —terminé diciendo—. Adán descubría que le mentí y que no había perdido a mi bebé y quería obligarme a… dios, no me quería dejar ir. Fue tan real. —respondí sollozando.El alem
El nerviosismo se apoderó de mí cuando dio vuelta la isla y siguió caminando. Comencé a balbucear sin poder hilar una sola palabra coherente, mucho menos una oración.—Em… —tartamudeé.—Y, sobre todo, ¿Por qué estás levantada si te indicaron reposo absoluto? —preguntó corriendo un mechón de cabello detrás de mi oreja.—Bue… bueno, tú estabas dormido y la hora de la cena se acercaba así que decidí… quizás, preparar algo. —respondí juntando mis dedos como una niña chiquita esperando aprobación de su parte.—Pudiste despertarme y pude pedir algo a algún restaurante. —dijo el alemán—. O cocinar para ti, si lo querías.Dejé de mirarle directamente por algunos segundos solo para darme cuenta de que Marie está atr&aa
Volvimos a casa, el celular de Nikolaus sigue sonando y su cuerpo se pone tenso cada que lo hace, intenté hablar, pero hacerlo no estaba dentro de mis posibilidades.—¿Cuándo viajaremos? —pregunté ansiosa.—Si quieres, mañana mismo. —mencionó el hombre—. He estado alejado estos días porque me he asegurado de que todo siga marchando bien cuando estemos fuera del país. —indicó—. Keleer traerá los documentos de la empresa de tu abuelo para que estés al tanto.—Gracias, Nikolaus. —respondí y él pareció relajarse—. ¿Por qué no quieres contestarle la llamada a tu mamá? —pregunté.—Es complicado, salí del país porque ellos esperan que me case y formar una alianza estratégica con la familia de esa mujer. —mencionó y mi boca se abri&oac
Luego de todo el fiasco que fue mi celebración a una nueva vida y de las palabras de Nikolaus, opté por irme a la cama sin decirle absolutamente nada.¿Qué se supone que deba decirle?Me costó mucho poder conciliar el sueño después de la verdad que dijo mi supuesto padre.¿Jonas hubiese sido un buen padre al menos?Supuse que sí estuvo dispuesto a que todos se enterasen que yo era su hija, claro que hubiese sido un buen padre, me hubiese protegido y jamás hubiese permitido que Adán me tratase como lo hizo por tantos años.Poder irme ahora es la mejor opción. No puedo quedarme con este sentimiento de que no pertenezco a ningún lugar en específico, crearé mi propio lugar y viviré feliz con mi bebé, ese es mi sueño ahora mismo.La casa en Paris está lista para mi llegada.—Buenos días. &
Nikolaus HoffmanHan pasado dos semanas desde que estamos en Paris, las náuseas de Eva le han estado ocasionando ciertas dificultades para mantenerse activa en las primeras clases de la mañana, por lo que optó por cambiarlas a la tarde.Y sí, clases, quedó ingresada, su rendimiento en los exámenes fueron los más destacados de entre tres mil personas que intentaron aplicar a la universidad.Eva es un ejemplo de poder femenino.Se me hace imposible no querer endiosarla siempre que estoy a su lado. Ha sufrido tanto en su vida y aun así ve el mundo con positivismo.—No sé cómo me convenciste para hacer esto. —dije seriamente subiéndome al asiento del copiloto.—Bueno, desde que comenzamos con las clases el bebé y yo estamos más atentos y ya no hay nauseas por la mañana. —respondió enseñán