Mundo ficciónIniciar sesiónCatarina es una licenciada en letras que vive entre metáforas y finales felices. A sus treinta años, su fe en el amor es inquebrantable, incluso después de que su historial sentimental parezca una lista de errores. Pero su optimismo se estrella contra la realidad cuando descubre que su último ex novio no solo la ha dejado por otra, sino que ha vaciado sus cuentas y la ha hundido en una estafa financiera que amenaza con dejarla en la calle. En el momento más oscuro de su vida, aparece Sebastián, su vecino del 7B. Él es todo lo que Catarina debería evitar: un brillante y gélido abogado de divorcios que ha hecho de la desilusión ajena su negocio más rentable. Para Sebastián, el amor no es un sentimiento, es un error de cálculo con consecuencias legales costosas. Desesperada por recuperar su dinero y decidida a no volver a equivocarse, Catarina le pide a Sebastián algo inusual: que sea su mentor. Ella quiere que él le enseñe a detectar a los mentirosos y que le dé las instrucciones precisas para encontrar, de una vez por todas, al hombre ideal. Sebastián acepta el reto con una condición: ella debe seguir sus reglas sin cuestionarlas. Sin embargo, mientras las instrucciones avanzan, Sebastián descubre un pequeño fallo en su lógica: ha diseñado el manual perfecto para que Catarina encuentre al hombre indicado... sin darse cuenta de que, según sus propias reglas, ese hombre podría ser él.
Leer másCAPÍTULO 86Mientras Catarina ayudaba a su madre a caminar, sosteniéndola por la cintura para que no apoyara el pie vendado, un nudo frío y duro comenzó a formarse en la boca de su estómago.Minutos atrás, en la euforia del alivio al saber que su madre estaba fuera de peligro, Catarina había dejado escapar el nombre de Sebastián casi por inercia. Sin embargo, a medida que se acercaban a las puertas de cristal de la salida, la realidad de la situación cayó sobre ella con el peso de una sentencia judicial.Catarina no sabía si había hecho bien en decirle la verdad a su madre.Aunque en un principio Eloísa había expresado una gratitud desbordante por la ayuda legal que el abogado le había brindado a su hija, las cosas habían cambiado drásticamente en las últimas semanas. A los padres de Catarina, en el fondo, no le caía muy bien ese hombre.— Mamá... —comenzó Catarina, deteniendo su marcha a escasos metros de la puerta de salida. Las manos le sudaban y sentía que el corazón le latía en l
CAPÍTULO 85Catarina Soler iba sentada en el asiento del copiloto, con las manos apretadas sobre su regazo hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Durante las últimas tres horas, su mente había sido un torbellino de escenarios catastróficos. Sebastián no le había dirigido la palabra en la última hora, intuyendo que cualquier intento de racionalizar la situación sería inútil frente al pánico de una hija preocupada. Eran pasadas las tres de la tarde cuando el elegante sedán cruzó el letrero de bienvenida del pueblo, desentonando por completo con las calles tranquilas y polvorientas. El sol de la tarde bañaba las fachadas de las casas bajas con una luz dorada y cálida, un contraste irónico con el frío que Catarina sentía en el estómago.Catarina se desabrochó el cinturón de seguridad con manos temblorosas antes de que el motor se apagara por completo. Miró el edificio, sintiendo que el aire le faltaba.— Espera un momento aquí, iré a buscar información —le dijo Catarina a Sebast
CAPÍTULO 84Había besado a Sebastián de la Torre. O, para ser más exactos, él la había besado a ella, rompiendo todas sus reglas de eficiencia y control en un solo movimiento impulsivo. Y luego, ella le había lanzado un desafío directo al cerrar su puerta.Catarina tomó su bolso, respiró hondo para calmar el aleteo de mariposas en su estómago y giró el pomo de la puerta del 7A.Al abrir, no tuvo que esperar ni mirar hacia el ascensor. Sebastián ya estaba allí, esperándola afuera.Estaba apoyado contra la pared del pasillo, justo en el espacio neutral que dividía sus dos mundos. Llevaba un traje de tres piezas en color gris carbón, con una corbata de seda que resaltaba la anchura de sus hombros. Su postura era relajada, pero la intensidad en su mirada oscura era suficiente para paralizar a un testigo en el estrado.No se saludaron con un "buenos días". Sebastián la observó de arriba abajo, sus ojos deteniéndose un microsegundo en sus labios antes de volver a clavar su mirada en la de
CAPÍTULO 83Caminaban a paso lento, disfrutando de la brisa nocturna, Sebastián bajó la mirada hacia su camisa ahora adornada con un mapa abstracto de color burdeos que se extendía desde su clavícula hasta el estómago.Negó con la cabeza, esbozando una sonrisa que le arrugaba las esquinas de los ojos, una expresión tan rara y genuina que Catarina no podía dejar de mirarlo.— Definitivamente, la próxima vez no te dejaré elegir el restaurante a ti —sentenció Sebastián, fingiendo un tono de severidad que su propia sonrisa desmentía— Yo me encargaré de la logística. Absolutamente todo ha sido un desastre. Un fracaso en toda regla.Catarina soltó una nueva risita, envolviéndose en su abrigo para protegerse de la brisa. Miró el perfil del hombre a su lado y sintió que el pecho se le inflaba con una calidez que no tenía nada que ver con la calefacción que habían dejado atrás.— ¿Un desastre? —repitió ella, ladeando la cabeza y mirándolo con una chispa juguetona en sus ojos oscuros— Tal vez p
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