No puedo evitar preguntármelo. Pero luego recuerdo: los abogados de Nikolaus no son hombres comunes. Si el abuelo confió en ellos, debió ser por buenas razones.
Tomo asiento, obligada por la mirada firme de Nikolaus y de Marie. Mis manos descansan sobre mi regazo, heladas, mientras mi familia se acomoda frente a mí. Incluso Adán, que no aparta de mí sus ojos oscuros, inquisitivos, como si intentara leerme el alma. Su insistencia me incomoda; quisiera salir de allí, pero permanezco quieta.
El abo