Demasiado cerca.
—¿Qué demonios dices? —replicó Aitana, temblando de rabia y agotamiento.
La madre de Jax, con los ojos inyectados en furia y el gesto crispado, alzó la mano para golpearla. El movimiento fue tan rápido que el aire pareció cortarse… pero justo en ese instante, desde detrás de Aitana, se escuchó la voz firme y helada de Jenny, la ayudante quirúrgica de Aitana.
—Qué malagradecidos son ustedes. La doctora Fonseca hizo hasta lo imposible para que el niño estuviera vivo.
Jax y su madre voltearon al