Clara vivía en un pequeño departamento en el centro de Roma, uno de esos edificios viejos con balcones de hierro forjado que parecían sostener historias de varias generaciones. Subí las escaleras lentamente, con la respiración agitada y el corazón en la garganta. No sabía cómo iba a recibir mi llegada después de tantos meses, ni si tendría fuerzas para enfrentar todo lo que necesitaba contar. Pero ahora era el único lugar al que se me ocurrió ir, después de ver lo que queda de la mansión de Luc