La luz del amanecer se filtraba suavemente por la persiana, pintando una franja dorada en el suelo frente a su cama. Yo seguía allí, en la misma posición, como una estatua tallada en preocupación y café frío. Mis huesos gritaban por el cansancio, mis párpados pesaban como losas, pero nada en este mundo podría haberme separado de ese lugar. Había pasado la noche entera escuchando el ritmo de su respiración, más estable ahora, vigilando cada pequeño movimiento detrás de sus párpados cerrados, rez