Después de la tormenta que significó Bianca, la mansión quedó en un silencio extraño, casi artificial. Era como si los muros contuvieran la tensión, como si las lámparas quisieran disimular que allí, hacía apenas unos minutos, se habían cruzado amenazas que podían cambiar el rumbo de nuestras vidas. Yo caminaba detrás de Luca, sintiendo el peso de todo lo escuchado. Su espalda ancha y recta transmitía firmeza, pero yo reconocía en cada movimiento de sus hombros la rigidez de un hombre que estab