El amanecer llegó demasiado rápido. Apenas había cerrado los ojos, cuando sentí el movimiento de Luca a mi lado. No fue un despertar tranquilo; él no conocía la calma. Siempre se levantaba con la energía de quien sabe que el día traerá nuevas batallas.
Abrí los ojos despacio, aún con el peso del sueño y de las lágrimas secas en mis pestañas. Luca ya estaba de pie, abrochándose la camisa, sus dedos largos recorriendo con precisión los botones, su ceño marcado, la mandíbula apretada. Tan guapo co