No sabía si Luca lo hacía a propósito, pero desde el atentado se mostraba más cercano, más pendiente de mí… demasiado. Sus ojos me seguían incluso en los momentos más banales, como si quisiera descifrar cada uno de mis pensamientos. Esa noche, después de cenar, lo encontré en el estudio, revisando papeles con un vaso de whisky a medio terminar. El ambiente estaba cargado de silencio y de esa tensión invisible que solo él sabía provocar.
—Aria… —me llamó sin levantar la vista al principio, pero