Desde aquella noche en que casi me dejé arrastrar por sus manos, mis sueños comenzaron a traicionarme. Cerraba los ojos buscando descanso y, en su lugar, lo encontraba a él. A veces lo veía sobre mí, con esa mirada cargada de dominio que me hacía perder el aire. Otras, sentía sus labios quemando mi piel, susurrándome cosas que jamás me había dicho despierto. Y yo… yo no lo rechazaba en esos sueños. Al contrario, lo buscaba, lo deseaba con un hambre que me hacía despertar jadeando, con el corazó