Silas salió del baño envuelto en una nube de vapor y el aroma limpio de jabón de sándalo. Llevaba pantalones de dormir y el torso desnudo, el vendaje blanco en su brazo una marca pura contra su piel dorada. La visión me golpeó con una fuerza casi física, pero me aferré a mi orgullo, manteniendo la compostura.
—Te mostraré tu habitación —dijo, su voz serena, como si no fuera una locura que yo pasara la noche allí.
Me guió de vuelta a la habitación donde me había preparado para la gala días anter