La revelación de Silas cayó sobre mí como un balde de agua fría. ¿Alguien de mi mismo ambiente? La posibilidad, ahora planteada en voz alta, se sentía mil veces más real y aterradora. Mi mente, en un acto casi traicionero, comenzó a repasar rostros, sonrisas, conversaciones triviales en los pasillos de la mansión o en eventos familiares. ¿Quién? ¿Alguien que me seguía desde antes? La idea de que la traición pudiera estar tan cerca, envuelta en la apariencia de lealtad, me producía un escalofrío