El nuevo ciclo empezó como un recordatorio cruel de lo que había fallado antes. Más inyecciones. Más hormonas. Más listas pegadas en la nevera con horarios precisos, como si mi cuerpo fuera un experimento que debía cumplir con cada milímetro de precisión.
El médico había sido claro: si queríamos otra oportunidad, debíamos empezar de inmediato. No había tiempo para lutos silenciosos ni para procesar la decepción. Así que ahí estaba yo, otra vez con las manos frías y los brazos marcados por pinc