La mañana había empezado con un silencio extraño. No el silencio cómodo de una casa tranquila, sino uno que parecía cargado de algo invisible, como si las paredes contuvieran un suspiro contenido. Luca había salido temprano, sin decirme a dónde iba, dejándome con una de esas miradas que no se pueden descifrar del todo: un poco de advertencia, un poco de control, un poco de todo.
Me quedé sola, o al menos tan sola como una persona puede estar en una mansión llena de empleados que parecen sombra