La mañana siguente llegó lenta, después de un episodio de insomnio horrible. Luego de desayunar junto a los niños —porque Luca me evitó— fui al despacho que alguna vez fue suyo, pero ahora lo habito yo. Las primeras horas revisé los recién firmados acuerdos, hasta que recibí el informe que durante tantos días había esperado, y algo dentro de mí se estremeció al leer lo allí escrito. Había esperado respuestas, pero no esa. No el nombre que apareció en las hojas que mis hombres dejaron sobre el e