La tarde estaba cargada de un silencio extraño, de esos que presienten tormentas antes de que caigan. Apenas había terminado de ordenar unos documentos en el despacho cuando escuché un golpeteo en la puerta. Al abrir, encontré a Clara, con el rostro tenso, los labios apretados y una incomodidad que casi podía olerse. No había venido a visitarme como amiga, lo sentí al instante. Había algo más.
—Necesito hablar contigo —dijo, sin rodeos.
Le hice un gesto para que pasara. Cerró la puerta tras ell