Los pasillos del hospital se han convertido en mi cárcel. Todo lo que soy y todo lo que tengo gira alrededor de una habitación helada, iluminada por máquinas que laten en su lugar. El sonido del monitor cardíaco es lo único que me da calma, un pitido constante que me asegura que Luca sigue aquí… aunque su mente esté lejos, atrapada en un silencio que me mata poco a poco.
Han pasado días. Días que se sienten como años. Mi cuerpo está agotado, pero no me muevo de su lado. Me niego. Duermo en esa