El sonido fue como un trueno partiéndome el alma. Un camión salió de la nada, a toda velocidad, directo hacia el auto en el que venía Luca. No tuve tiempo de gritar, no tuve tiempo de correr… solo escuché el estruendo del metal retorciéndose, los vidrios estallando en mil fragmentos brillantes como cuchillas bajo el sol, y luego el silencio roto por mi propio alarido.
—¡LUCA!
El mundo se volvió humo, olor a gasolina y polvo en el aire. Mis piernas reaccionaron antes que mi mente, corrí como si