La mentira salió de mis labios con la naturalidad de alguien que ya no podía distinguir entre la verdad y la estrategia.
—Hoy intentaron agredirme en el hospital —le dije a Greco, fingiendo un temblor en la voz mientras apretaba el teléfono contra mi oído—. Eran viejos enemigos de Luca… ya saben que está preso. Y como él está furioso conmigo por lo que hice, ninguno de sus hombres me protege.
Sabía exactamente lo que estaba haciendo: ofrecerle la debilidad que él quería ver. Mostrarle un vací