Vincent estaba sentado detrás del escritorio de caoba en su estudio. Una pila de papeles y archivos abarrotaba el espacio, pero no podía obligarse a mirar una sola página. La luz del sol de la mañana entraba a raudales por las altas ventanas, demasiado brillante para unos ojos que no habían dormido. El reloj marcó las nueve. Su mirada estaba vacía, sus sienes palpitaban, y las pesadas ojeras bajo sus ojos parecían pesos que lo arrastraban al escritorio.
No había dormido.
Había estado fuera de l