Jennifer apenas logró pasar la cortina cuando el ruido la golpeó.
Ya no eran aplausos. Era otra cosa. Algo más hambriento.
Ese tipo de hambre que vive en las cámaras y en las preguntas gritadas, en personas que nunca te han hablado pero se sienten con derecho a abrirte en canal y ver qué se derrama.
Los sintió antes de verlos: la manada esperando en la salida como si hubiera captado un rastro.
La mano de Vincent se posó en la parte baja de su espalda. Sin agarrarla. Sin empujarla. Solo ahí. Cál