—Puedes pedirle eso a la asistente que te asigné.
Ámbar lo tomó en silencio, con un leve asentimiento. Su mirada era vacía, su piel pálida. Diógenes la observar unos segundos, como si quisiera decirle tantas cosas, pero se contuvo. Finalmente, suspir, dio media vuelta y salió, dejando el suave aroma de su colonia y su café favorito flotando en el aire.
Ella toma el vaso y lo prueba.
¿Cómo sabía él, cuál era su sabor favorito?
Horas más tarde, Matteo llegó a su oficina. Ella aún estaba sentada e